Cómo aprovechar un fracaso

Cómo aprovechar un fracaso lo descubrirás en cuanto termines de leer este artículo basado en el capítulo 9 de la obra maestra “Psico-Cibernética”.

 

Cómo aprovechar un fracaso
Cómo aprovechar un fracaso

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Así como un malestar en nuestro cuerpo es un síntoma de que algo no anda bien y podemos tomar alguna medida a tiempo o acudir a un doctor para evitar un mal mayor, también las señales de tráfico, si les hacemos caso, nos previenen de una situación más o menos desagradable y la personalidad de fracaso también muestra señales a las que debemos prestar atención y evitar un fracaso o si este ya ha ocurrido, puede servirnos para tomarlo en cuenta y evitar que se repita.

 

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SÍNTOMAS DE UNA PERSONALIDAD DE FRACASO

 

Los síntomas de una personalidad de fracaso que tenemos que reconocer como indeseables, que no queremos y convencernos profunda y sinceramente que no conducen a la felicidad son los siguientes:

 

  • Frustración
  • Desesperanza
  • Futilidad
  • Agresividad mal dirigida
  • Inseguridad
  • Soledad (le cuesta relacionarse con otras personas)
  • Incertidumbre
  • Resentimiento
  • Sensación de vacío

LA CURA LLEGA A TRAVÉS DE LA COMPRENSIÓN

 

Aunque nadie sufre estos síntomas por gusto, más bien son tendencias negativas que fueron adoptadas en un momento dado como medio para resolver alguna dificultad o problema, no hay que tomarlas como una imperfección de la naturaleza humana ya que su sentido y propósito son erróneos.

Lo que constituyen, es un medio o un modo de vida para nosotros ya que una de las más fuertes necesidades del ser humano consiste en reaccionar adecuadamente al medio en que vivimos y a los problemas que se nos presenten.

Los síntomas del fracaso se pueden curar no a fuerza de voluntad sino al comprender su origen y entender que impiden el buen desarrollo de nuestra personalidad.

LA FRUSTRACIÓN

 

La frustración es más frecuente en niños y jóvenes después de comprobar que no todos sus deseos pueden ser satisfechos de inmediato pero todas las personas en el transcurso de su vida la han sufrido después de no alcanzar un objetivo propuesto o al encontrar un obstáculo en el camino a alcanzarlo y esto forma parte de la experiencia humana ya que somos criaturas imperfectas, incompletas y en constante evolución.

 

Así pues, viviendo, aprendemos que podemos hacer bien las cosas aunque no se necesita la perfección absoluta y que las aproximaciones relativas son suficientes para la consecución de nuestros propósitos prácticos. Aprendemos, pues, a tolerar cierta suma de frustración sin llegarnos a sentir molestos debido a ello.

 

El síntoma de fracaso aparece cuando la frustración produce  profundos sentimientos de insatisfacción y futilidad.

 

Si la frustración es crónica es porque los objetivos que se pretenden alcanzar son irreales o la imagen que tiene el individuo de si mismo es inadecuada, incluso ambas cosas a la vez.

 

De niños, la frustración, el descontento y la insatisfacción era corregida por alguno de nuestros protectores, ya sea porque nos daban comida cuando llorábamos de hambre o nos solucionaban cualquier malestar.

 

Hay padres demasiado indulgentes que siguen consintiendo a sus hijos ya mayores cada vez que  se muestran frustrados, descontentos o insatisfechos y esto es algo muy perjudicial para una persona cuando ya es adulta porque se queja y espera que la vida tenga piedad de sus males y se encargue de solucionarlos en el caso de que se encuentre muy mal y eso no ocurre.

 

Los sentimientos hacen brotar pensamientos e ideas, por eso es tan importante imaginarnos lo que queremos conseguir para sentirnos como si ya lo hubiéramos conseguido y atraer todo lo necesario para que se haga una realidad.

 

 LA AGRESIVIDAD

 

Cómo aprovechar un fracaso
Cómo aprovechar un fracaso

 

La agresividad y la presión emotivas no son malas en sí, al contrario, se ha comprobado que son condiciones necesarias para alcanzar una meta, pero cuando son mal dirigidas llevan a la frustración.

 

Hay que enfrontarse agresivamente con todos los problemas, escribía el Dr. Maxwell Maltz en este capítulo y no actuar a la defensiva o simplemente intentándolo.

 

Tener algo importante que perseguir ya provoca una presión emocional que permite desempeñar las tendencias agresivas enfocadas a la consecución de la meta deseada.

 

La agresividad se convierte en un problema  cuando surgen obstáculos y se contiene la presión emocional y al buscar el orificio de salida  es mal dirigida y se convierte en una fuerza destructora, es decir, es muy probable que no exprese su frustración al jefe, pero sí desahogándose con su pareja, el hijo, el gato o con él mismo de forma inapropiada.

 

HACER EJERCICIO O ESCRIBIR

 

Cómo aprovechar un fracaso
Cómo aprovechar un fracaso

 

Procura no desenfrenarte y perder el dominio de ti mismo.

Concentra tu fuego.

Las personas que van por la vida manifestando una personalidad de fracaso, cuando se ponen agresivos, nunca es para conseguir algo para su beneficio, sino todo lo contrario, lo que consiguen son problemas de salud como úlceras de estómago, presión alta, preocupaciones, tabaquismo, estrés, etc…o dirigirla hacia otras personas mostrándose irritable, rudo o encontrándoles defectos…

 

Estas personas suelen ponerse metas irrealistas o imposibles de alcanzar y ante el fracaso reaccionan con tozudez para seguir probando con más fuerza.

 

NO SE DEBE ERRADICAR LA AGRESIVIDAD

 

No se debe erradicar la agresividad, lo que si se debe hacer es, comprenderla y procurar hallar los canales verdaderos y apropiados para su expresión auténtica. 

Así como hay suficientes estudios que demuestran que la agresividad es de naturaleza básica y fundamental para que los animales puedan expresar y sentir afecto, también los hay respecto a las relaciones humanas y hay que  encontrar una salida para canalizarla de forma positiva del mismo modo que se necesita canalizar el amor y la ternura.

 

LA FUERZA DEL CONOCIMIENTO

 

La fuerza del conocimiento de que existe una personalidad de fracaso, te permitirá, cuando no consigas solucionar tus problemas, tomar consciencia de que quizás estés manifestándola en tu propia persona y también te puede ayudar cuando te encuentres con alguien que se muestre agresivo contigo para no reaccionar poniéndote a su misma altura, comprendiendo que probablemente algún acontecimiento externo a ti, le ha producido dicho comportamiento.

 

Dicho de otro modo, cuando tomes consciencia de que tu comportamiento no está siendo el adecuado, habrás recorrido un largo camino que te permitirá dominar la situación o problema que estés manifestando.

 

Hacer ejercicio o practicar tu deporte favorito es un buen método para eliminar la tensión provocada por un bloqueo que impide que las cosas te salgan como te hubieran gustado.

 

También funciona muy bien escribir una carta al individuo que haya sido la causa de tu frustración o de tu ira.

Redacta los asuntos que te hayan herido.

No abandones nada a la imaginación.

Luego, quema la carta.

LA MEJOR SOLUCIÓN

 

La mejor solución es canalizar la agresividad de forma que sirva como energía para llegar al objetivo que se quiere alcanzar.

Trabajar para dicho objetivo constituye una de las mejores y tranquilizantes terapias para serenar el espíritu perturbado.

 

LA INSEGURIDAD

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La inseguridad se origina a partir de la falsa creencia de que somos imperfectos.

Si en determinada situación te sientes con pocas fuerzas para realizar lo que se requiere de ti, es porque te sientes inseguro de poder llevarlo a cabo y esto es debido a que  comparas tus capacidades efectivas a un ser ideal que sólo habita en tu imaginación como absolutamente perfecto.

La persona insegura siente que “debiera” ser buena, y punto.

Que “debiera” ser feliz, y también punto.

Que “debiera” obtener éxito, ser competente, etc., todo ello de manera redondeada y definitiva.

Todos son objetivos dignos y de gran valor, más no se debes pensar en ellos, al menos en su sentido absoluto, como fines que conquistar, sino como en algo que hay que alcanzar más que como en algo que “deberías” ser.

La mejor forma de abandonar el sentimiento de inseguridad y asentar los pies en firme, es aceptar que el ser humano siempre puede y debe superarse a sí mismo y no querer demostrar que es un ser perfecto ya que esto sólo lleva al estancamiento y posterior declive. 

 

 LA SOLEDAD

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La soledad es un tributo natural que se paga como seres humanos y sujetos individuales, pero si se sufre de un sentimiento de soledad extremo y crónico es una manifestación más de la personalidad de fracaso que le ha apartado de forma excesiva del resto de la sociedad.

La soledad constituye un “modo de conducta humana” que no labora en el desarrollo de la personalidad.

La soledad es sólo un medio de autoprotección. Las líneas de comunicación con el prójimo –especialmente, cualquiera de los lazos emocionales con el mismo-, quedan cortadas.

Representan el modo de proteger a nuestro ser “idealizado” contra los riesgos de diversa índole, el dolor y la humillación.

La personalidad solitaria teme a la gente.

La persona solitaria se queja con frecuencia de que no tiene amigos y que no hay gente con la que ella pueda mezclarse.

En la mayoría de los casos arregla las cosas involuntariamente, de tal manera que pueda justificar su actitud pasiva, esto es, tratar de que los otros vengan hacia ella, que el individuo ajeno, dé el primer paso.

Jamás se le ocurre que ella debe también contribuir con algo a las diversas situaciones sociales.

Sean cuales sean tus sentimientos, si no lo estás haciendo, fuérzate a mezclarte con otras personas.

Luego del primer intento, te hallarás en una atmósfera más cordial sintiéndose cada vez más a gusto si persistes en ello.

Procura cultivar algún arte o gracia de carácter social con que contribuyas a la felicidad del prójimo: la danza, el bridge, tocar el piano, el tenis, la conversación, etc.

Es un antiguo axioma psicológico el que nos habla de que la constante exposición al objeto de nuestros temores nos inmuniza el miedo.

Conforme la persona solitaria prosiga forzando las relaciones sociales –no de forma pasiva, sino activamente- hallará, poco a poco, que la mayoría de la gente es de naturaleza amistosa y que es aceptada por ésta.

La vergüenza y la timidez comenzarán a desaparecer, y entonces, el individuo se hallará más cómodo en la presencia de otras personas que consigo mismo.

La experiencia de que es aceptado por la sociedad le capacitará también a auto-aceptarse.

 

 LA INCERTIDUMBRE

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Cómo aprovechar un fracaso

 

La incertidumbre forma parte de la vida y tan perjudicial es dejar de actuar por no tener la certeza de que una acción llevará al resultado deseado como hacerlo sin razonar las posibilidades de éxito o fracaso para posteriormente echar la culpa de sus errores a terceros.

 

Reside en la propia naturaleza de las cosas el que progresemos mediante los hechos, cometiendo errores y corrigiéndolos mientras los estamos haciendo, es decir,  no se puede corregir el curso de un plan si todavía no se ha puesto en marcha.

 

Se deben considerar los hechos conocidos de una situación determinada, imaginar las diversas consecuencias de los distintos cursos que emprendas al actuar, escoger uno de los que te parezca que te ofrece la mejor solución y arriesgarte en él y de este modo podrás corregir tu plan siempre que lo creas oportuno.

 

Sólo “las gentes pequeñas” nunca se equivocan

 

Son muchas las personas que no actúan por miedo a que les baje la autoestima si fracasan pero la realidad es que ningún hombre llega a hacerse grande o bueno si no ha cometido grandes y numerosas equivocaciones.

 

Es más, son  las personas que han conseguido grandes cosas las que no les importa admitir que han aprendido más de sus fracasos que de sus éxitos y es que está demostrado que sólo las personas “insignificantes” son las que temen admitir que se han equivocado.

 

Gladstone decía:

“He aprendido más de mis errores que de mis éxitos”.

Y…

 Sir Humphry Dhabi dijo:

 “Aprendemos mucho mejor a ser prudentes y sabios a causa de nuestros errores que de nuestros éxitos; descubrimos, con frecuencia, lo que debemos hacer al averiguar lo que no debimos realizar, y, probablemente, en hombre que nunca cometió un error, tampoco logrará descubrir nada”.

Y, de todos es sabido que Thomas Alva Edison trabajaba incesantemente sobre un problema empleando el método de la eliminación y  si alguien le llegaba a preguntar si no le producían desaliento los intentos desafortunados, él le replicaba:

‘No, no me desanimo, porque cada intento fracasado lo descarto de mi investigación y ello representa otro paso hacia delante.”

 

EL RESENTIMIENTO

 

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El resentimiento es un  veneno mortal para el espíritu, hace imposible la felicidad y contribuye al gasto de tremendas energías que pudieran ser aplicadas a satisfacer un fin deseado.

 

El resentimiento lo sufre con facilidad el individuo con personalidad de fracaso porque trata de justificar sus errores culpando a la sociedad, al sistema, a la vida o cualquier otra cosa que encuentra para excusarse.

 

También se llena de resentimiento cuando observa el éxito y la felicidad en otros porque siente que a él la vida no le ha proporcionado las mismas oportunidades y le ha tratado mal.

Pero el resentimiento es un remedio, como he dicho, peor que la enfermedad.

 

El resentimiento aparece como una resistencia mental a la no aceptación de un suceso.

 

La palabra, por sí misma, procede de dos vocablos latinos: re, que significa “repetición”, y sentire, que denota “sentir.

El resentimiento se basa en la “recreación” emotiva o en la vuelta a la lucha contra un suceso que ya aconteció.

En tal caso, el resentido nunca podrá obtener la victoria, ya que trata de luchar contra lo imposible: cambiar el pasado.

El resentimiento es sólo un “medio” que conduce al fracaso.

El resentimiento produce una autoimagen inferior.

 

Recuerda que el resentimiento no se produce por la acción injusta de las personas, los acontecimientos o las circunstancias. Se produce por las propias respuestas y reacciones emocionales del individuo.

Solamente la persona que lo sufre tiene poder sobre el resentimiento y sólo ella podrá dominárselo firmemente, convenciéndose a sí misma de que éste y la conmiseración no constituyen, de ninguna forma, los medios que han de llevarla al éxito y a la felicidad, sino al contrario, que son los caminos que habrán de conducirla a la derrota y a la desgracia.

El resentimiento, pues, no se aviene bien con la persecución de una meta creadora.

En el proceso de la búsqueda de un fin, el individuo es siempre el “actor” y nunca “el recipiente pasivo”.

El individuo se marca sus propios objetivos y cree que nadie le debe nada.

 

FUTILIDAD

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Si eres de las personas que crees conocer a gente que ha obtenido un gran éxito incluso viviendo frustrado, utilizando la agresividad mal dirigida y lleno de resentimientos, quiero que tomes consciencia de que el éxito que tu puedes ver, es sólo aparente, ya que puedes estar seguro de que dichas personas han perdido la capacidad de divertirse, de gozar de la vida por lo que la felicidad y el éxito no es un sentimiento que les invada el corazón.

Sí que los puedes ver noche tras noche en clubs nocturnos, incluso viajando de un lugar a otro o mezclándose en multitud de grupos buscando divertirse pero en su interior, puedes estar seguro de que sólo sienten vacío.

La sensación de vacío o “futilidad” constituye el principal síntoma de que el sujeto no vive usando su poder creativo de forma correcta.

El individuo, en este caso, no dispone de ningún fin que le resulte lo suficientemente importante, o no emplea sus talentos y esfuerzos en la lucha que habría de llevarle a la consecución de un objetivo valioso.

La persona que se siente carente de propósitos llega a la pesimista conclusión de que “la vida no tiene propósitos”.

El individuo que no se dispone a conseguir un fin valioso concluye afirmando que “la vida no vale nada”.

La persona que carece de un trabajo importante se queja de que “no hay nada que hacer”.

El individuo que se halla entregado activamente a la lucha por la vida o que hace todo lo posible por alcanzar un fin importante,  no se expresa con filosofías pesimistas, las cuales conciernen, únicamente, a “la futilidad de una vida sin sentido”.

La futilidad no constituye el “medio” indicado para llevarnos a la victoria.

El mecanismo del fracaso llega a autoperpetuarse si no nos atrevemos a dar el primer paso que ha de conducirnos a romper su círculo vicioso.

La futilidad, cuando uno ha llegado a experimentarla, puede convertirse en un “medio” de evitar el esfuerzo, el trabajo y la responsabilidad.

Se convierte en una excusa o en la justificación de una vida carente de sentido creador.

Si todo es vanidad, si no hay nada nuevo bajo el sol, si no vamos a lograr la alegría de vivir en ningún sitio, ¿por qué, entonces, nos hemos de molestar?

¿Por qué, además, habríamos de intentar de hacer nada?

Si la vida sólo nos proporciona esfuerzo y fatiga; si trabajamos durante ocho horas cada día con el objeto de adquirir una casa en donde dormir; si hemos de reposar ocho horas para levantarnos y comenzar una nueva jornada de trabajo…

¿Para qué excitarnos por tan poca cosa?

Todos estos razonamientos intelectuales se desvanecen, sin embargo y llegamos a experimentar alegrías y satisfacciones cuando logramos escapar al “instrumento de tortura” y cesamos de darle vueltas al círculo vicioso de la futilidad, nos elegimos un fin determinado que perseguir y en seguida, nos lanzamos el camino que, victoriosamente, habrá de conducirnos a la obtención de nuestro propósito.

 

El síndrome del éxito

 

El síndrome del éxito lo sufre la persona  que se siente culpable, insegura y llena de ansiedad cuando percibe que ha obtenido lo que deseaba.

Esta es la razón a que se debe que el vocablo “éxito” se haya convertido para el sujeto de este tipo en una mala palabra.

El verdadero éxito nunca daña a nadie.

La lucha por la obtención de los fines más importantes para el individuo, no como “reacción de símbolos” sino en cuanto concierne a la avenencia que guarda con las más profundas necesidades de la persona, es siempre saludable.

El esfuerzo que dedicamos a alcanzar un éxito real –el éxito logrado mediante la lucha-, a través de un proceso creador, nos produce gran satisfacción interior.

La lucha llevada a cabo para conseguir un éxito fingido con el que arranquemos la admiración de los demás, producirá siempre una satisfacción simulada.

Observar lo negativo SI, pero enfocarse en lo positivo.

 

Tenemos que observar las experiencias negativas y tomar acción para solucionarlas y aprender de ellas siempre que escondan una enseñanza pero tenemos que enfocar nuestra imaginación en lo positivo que deseamos atraer.

 Necesitamos “tener conciencia” de las ideas negativas de tal modo que puedan guiarnos, con respecto a ellas, con toda claridad.

El empleo correcto de este tipo de “ideación negativa” puede ayudar a conducirnos al éxito, si:

1) nos mostramos lo suficientemente sensibles a la acción negativa de modo que ésta pueda servirnos de aviso de peligro.

2) reconocemos “lo negativo” por lo que es en sí mismo, o sea, algo indeseable, algo que no queremos, algo que no nos va a proporcionar la verdadera felicidad.

3) adoptamos la inmediata acción correctiva y la substituimos por el opuesto factor positivo inherente al mecanismo de éxito.

Con esta práctica nos iremos creando, en el transcurso del tiempo, cierta clase de reflejo automático que se convertirá en parte de nuestro sistema de guía.

El depósito de datos retroactivos y negativos de la retroacción funcionará como una especie de control automático, para ayudarnos a sortear claramente el rumbo de los fracasos y conducirnos al éxito.

 

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