Cómo liberar tu personalidad real

Cómo liberar tu personalidad real lo descubrirás después de leerte este nuevo artículo basado en el capítulo número 11 de la obra maestra “Psico-Cibernética escrita por el Dr. Maxwell Maltz.

Cómo liberar tu personalidad real
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La “PERSONALIDAD”, ese tan misterioso y magnético como fácil de reconocer pero difícil de definir, decía Maxwell.

Lo que no cabe duda es que la personalidad nace dentro del propio ser y se manifiesta externamente como la evidencia del ser creador único e individual que fue hecho a imagen y semejanza de Dios, llamado también, chispa divina y que posee en su interior cada ser humano y es la expresión libre y completa del “Yo” real.

Dicho ser real que habita en nuestro interior, es atractivo y magnético y puede ejercer una poderosa influencia sobre otros seres humanos porque es real y básico pero cuando intentamos imitar a los demás, será fácil que disguste y nos hagamos detestables para el resto de personas.

Si los niños provocan ese sentimiento de ternura y atracción hacia ellos, es porque son auténticos ya que no pueden mostrarse superficiales, hipócritas ni intentan ser como otros para esconder su personalidad real, en cambio todos los adultos, encubrimos nuestra personalidad real.

Cuando una persona tiene la fama de tener una buena personalidad es debido a que ha liberado su potencialidad creadora hasta el punto de expresar su “Yo” verdadero.

En cambio, cuando nos referimos a una pobre personalidad o inhibida personalidad, estamos hablando de individuos que se han encerrado en sí mismas, lo que significa que por algún motivo temen mostrarse con franqueza, ser ellos mismos porque han encerrado a su ser verdadero en una especie de prisión interna.

Estos individuos pueden sufrir síntomas como la vergüenza, la timidez, la autoacusación, la hostilidad, los sentimientos excesivos de culpabilidad, el insomnio, la irritabilidad y la falta de capacidad para permanecer en sociedad con otros individuos.

El sentimiento de frustración le acompaña en cada situación por no ser capaz de ser ellos mismos ni expresar de forma adecuada su propio yo.

Y cuando estos individuos toman conciencia de que su comportamiento es inusual llegan a la conclusión de que su auto-expresión no es buena o que alcanzar el éxito es perjudicial para ellos y esta excesiva retroacción negativa tiene la propiedad de interferir o de hacer cesar completamente la respuesta apropiada.

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LA TARTAMUDEZ

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La tartamudez es un claro síntoma de la inhibición y aunque las personas que la sufren no son conscientes,  mientras hablan, van recibiendo los datos de retroacción negativa a través de lo que oyen decir de su propia voz.

La retro-acción negativa  nos capacita para que hablemos correctamente.

Grabar nuestras propias voces  y escucharlas tantas veces como necesitemos para que podamos  perfeccionar o corregir nuestra pronunciación, entonación, etc…es algo que recomiendan los educadores del lenguaje.

De todos modos, es muy importante que la persona tartamuda no sienta tensión ni ansiedad al intentar corregir su problema ya que de lo contrario podría impedir el resultado que se persigue.

La autocrítica lleva al fracaso.

 

¿Quiénes son los que recitan bien?

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Los que recitan bien, acostumbran a ser los que se muestran más indiferentes al acto que realizan.

Las ideas de éstos van saliendo en sus memorias, como el hilo del carrete, de pleno acuerdo con lo que están haciendo.

La conversación sólo fluye y refresca a la sociedad cuando ni las unas ni las otras personas que toman parte en ella quedan exhaustas a causa del esfuerzo que se imponen para producirse con perfección, o sea, cuando los agentes olvidan sus escrúpulos y quitan los frenos a sus corazones y dejan que sus lenguas se muevan y meneen tan automática e irresponsablemente como sus voluntades les sugieran.

 

El consejo del Dr. Maxwell para las personas que tienen que hablar en público, por ejemplo, los maestros de escuela, es que se preparen hasta dominar bien el tema a dar y luego que confíen en su espontaneidad y se alejen de otras preocupaciones.

William James, aconsejaba a los estudiantes que el día anterior a un examen dejaran de lado los libros de estudio y se dijeran a sí mismos sinceramente antes de irse a jugar o a dormir lo que les daría tan buenos resultados que les animaría a repetirlo en cada ocasión:

“no quiero perder un minuto más en este miserable asunto, y, además, me importa un comino si salgo bien o no”

LAS RETRO-ACCIONES

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Es importante tomar consciencia de que las retroacciones tanto positivas, como negativas, forman parte de cualquier relación social y sin esta comunicación constante, las relaciones humanas y las actividades sociales carecerían de toda posibilidad virtual y si lo fueran se manifestarían groseramente, sin facetas, carentes de inspiración, como muertas y enterradas y sin “chispa” de ninguna clase.

Ejemplos de retro-acciones son:

  • una sonrisa.
  • un guiño.
  • centenares de otras señas diversas que nos indican aprobación o reprobación.
  • Etc….

Los buenos actores y actrices, lo mismo que los locutores públicos, participan y “sienten” esta comunicación con el auditorio y ello les ayuda a representar mejor sus papeles.

 

Los individuos de “buena personalidad”, que son populares y poseen magnetismo en las diversas circunstancias sociales, sienten esta comunicación con la demás gente, y, automática y espontáneamente, responden a la misma en forma creadora.

 

Si un determinado individuo no puede responder a esta comunicación con otras personas, se convierte en un tipo frío y de “mala sombra”, en el tipo de “personalidad” reservado que no se manifiesta cordial con la gente; en fin, sin esta comunicación el sujeto humano se convierte en un mundo social, en el tipo difícil de conocer que no interesa a ninguna persona.

La función de la conciencia tiene por objeto hacernos felices y no desgraciados.

“La conciencia nos hace cobardes a todos”

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“La conciencia nos hace  cobardes a todos, decía Shakespeare.

La conciencia por sí misma constituye un mecanismo de dos datos negativos, aprendidos y cargados en la retroacción que tiene mucho que ver con la moral y con la ética.

Si el dato aprendido y fichado es correcto (concepto que concierne a lo que está “bien” y está “mal”) y el mecanismo de la retro-acción no es extra-sensitivo, sino realista, el resultado es (exactamente igual que en cualquier otra situación de perseguir un objetivo) que somos relevados de la terrible obligación de tener constantemente que “decidir” sobre lo que es “bueno” o de lo que es “malo”.

La conciencia nos “pone en el rumbo” o nos “guía” hacia “lo directo y lo estrecho”, a la meta de lo correcto y lo apropiado, al objetivo de la conducta realista en tanto ello pueda concernir a la ética y a la moral.

La conciencia opera automática y subconscientemente, lo mismo que cualquier otro sistema de retroacción.

Pero, la conciencia, por sí misma, puede estar equivocada.

Ello depende de cómo nuestras creencias básicas entiendan el bien y el mal.

Si tus creencias básicas se hallan saturadas de verdad y son realistas y sensibles, la conciencia puede convertirse en un valioso aliado cuando tú estás tratando con el mundo real y navegas por el mar de la ética.

Actúa, entonces, como una brújula que te mantiene “fuera de los lugares peligrosos”, lo mismo que la brújula de marinero preserva a éste de que choque contra los arrecifes.

Pero si tus creencias básicas son falsas por sí mismas, irrealistas e insensibles, éstas mismas te “desviarán” la brújula manteniéndote fuera de norte lo mismo que los pequeños pedazos de metal magnético pueden perturbar la función del compás del marinero y llevarle a la perdición en vez de salvarle la vida.

El vocablo “conciencia” no tiene el mismo significado para todo el mundo.

Si el sujeto se ha formado en un ambiente en el que se cree, como lo han sido muchas personas, que es pecaminoso usar botones en los vestidos, habrá de sentir ciertos reparos en el momento en que los use.

Si, por otra parte, el individuo ha crecido en un medio en el que se piensa que cortarle la cabeza a otro ser humano, achicarla y colgarla luego de la pared es algo que está bien hecho, es apropiado y manifiesta un signo de humanidad, entonces el sujeto habrá de sentirse culpable e indigno en el caso de no ser capaz de encoger una cabeza.

(Los salvajes cazadores de cabezas no dudarían de denominar a esto “una falta de omisión”).

 

El propósito de la conciencia consiste en ayudarnos a alcanzar la felicidad, para que podamos ser sujetos productores, y en nada más que eso, pero si el individuo deja “que la conciencia le sirva de guía”, ésta debe basarse entonces en la pura verdad y, desde luego, habrá de apuntar solamente hacia el norte verdadero.

De otra manera, si, por ejemplo, nos ponemos a obedecerla ciegamente, sólo nos meterá en dificultades, en vez de sacarnos de ellas convirtiéndonos, de paso, en seres no solamente desgraciados e inadaptados sino también en sujetos incapaces de hacer nada.

La auto-expresión es ajena a la moral

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Cuando adoptamos actitudes morales en asuntos que no tienen nada que ver con la moral, solemos enfrentarnos a multitud de resultados erróneos.

Por ejemplo, la auto-expresión –o la carencia de ella- no representa, básicamente, un problema de ética, aparte del hecho de que nuestro deber consiste en emplear los talentos que Dios nos concedió.

No obstante, la auto-expresión puede convertirse en una “falta” moral –en tanto guarde relación con la conciencia- si el sujeto es obligado a callar, o bien se le humilla y se le avergüenza o quizás se le castiga como a un niño en el momento en que manifiesta sus ideas.

De esta manera “aprende” el niño a saber que es “malo” el tratar de expresarse y ello le mantiene aparte de toda conversación sin que, quizás, se atreva a hablar en absoluto.

Si un niño se le castiga por mostrar su enfado o se le avergüenza en demasía cuando manifiesta alguna señal de miedo o se ríen quizá de él por expresarle amor a alguien, entonces éste “aprenderá” a saber que es “malo” manifestar sus sentimientos reales.

Algunos niños aprenden que sólo es “mala” la expresión de las “malas emociones”: la ira y el miedo.

Más cuando el sujeto inhibe las “malas”, también inhibe las “buenas” emociones.

Ahora bien, el metro con que se juzgan las emociones no tiene marcado en sus polos contrapuestos los conceptos de “bueno” o “malo” sino de “adecuado” o “impropio”.

Es propio que el hombre que se encuentre de pronto con un oso experimente temor.

Es apropiado experimentar ira si hay una legítima necesidad de destruir un obstáculo y este sentimiento nos proporciona la fuerza y el valor para ello.

La ira dominada y “dirigida con propiedad” es un elemento importantísimo del valor.

Pero…

Si se le hace callar a un niño cada vez que expresa sus opiniones, “aprenderá” a que es mejor para él “no ser nadie” y que es malo el tratar de convertirse en alguien.

Una conciencia así de turbada y de irrealista no puede producir más que cobardes.

Nos convertirá en sujetos super-susceptibles y nos obligará a estar pensando siempre en si “tenemos derecho” a alcanzar el éxito en cualquier tarea que emprendamos.

Nos sentiremos, también, extremadamente preocupados acerca de “si merecemos esto o no”.

Muchos individuos, que se sienten “inhibidos” por esta clase de “mala conciencia”, “se mantienen siempre atrás” o toman “un asiento trasero” en cualquier clase de empresa en que se les ocurra intervenir, incluyendo las actividades que desempeñan en sus iglesias.

Sienten, secretamente, que no sería bueno para ellos “señalarse como líder” o “presumir de ser alguien”, ya que piensan demasiado en lo que la demás gente “puede pensar acerca de ellos”.

El temor a la escena” es un fenómeno común y universal.

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El temor a la escena se convierte en subconsciente cuando es producido por un exceso de retro-acción negativa que procede de una conciencia “en declinación”.

“El miedo a la escena” manifiesta el temor “a ser castigados” por hablar alto al expresar nuestras opiniones, por presumir de “ser alguien” o por manifestar cosas que la mayoría de nosotros aprendimos que eran “malas” y dignas de castigo ya en los primeros años de la infancia.

“El miedo a la escena” ilustra cuán universalmente se halla extendida la inhibición de la “auto-expresión”.

SEÑALES DE NECESIDAD DE  desinhibición

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Si el sujeto se muestra tímido entre las gentes extrañas; si teme una situación nueva y rara; si se siente inadecuado al ambiente, demasiado preocupado, lleno de ansiedad, se cuida en demasía de lo que piensa y dice; si se encuentra nervioso y piensa con exceso acerca de sí mismo; si padece algunos síntomas nerviosos tales como tics faciales, innecesarios guiños de ojos, temblores, dificultad de conciliar el sueño; si se siente fácilmente mal en ambientes sociales; si se mantiene siempre “detrás” y toma constantemente un asiento trasero, entonces, todos estos síntomas muestran que el individuo padece demasiadas inhibiciones y, en este caso, el sujeto se preocupa con exceso en todo cuanto emprende, y, además, “planea” demasiado.

El sujeto necesita practicar, entonces, el consejo que San Pablo dio a los efesios: “No te preocupes de nada…”

 

EJERCICIOS PRACTICOS:

1. No te preguntes por adelantado “lo que vas a decir”.

Abre la boca y dilo sin empacho.

Improvisa en tanto que hablas.

Este consejo puede parecer radical, pero es, en efecto, el único que obligará a todos tus servomecanismos a que operen en tu propio beneficio (Jesús nos aconseja que no pensemos demasiado en lo que vayamos a expresar si tenemos que declarar ante un jurado, ya que el espíritu nos habrá de aconsejar, a su debido tiempo, respecto a lo que debemos decir).

2. No “planees” (no pienses en el mañana).

No pienses antes de hacer.

Haz, corrige tus actos en tanto los estés haciendo.

Este consejo puede parecernos demasiado radical; sin embargo, es, en efecto, el modo en que todos los servomecanismos se ponen a operar en nuestro propio beneficio.

Un torpedo no “piensa en sus errores” por adelantado, y tampoco trata de corregírselos antes de empezar a operar, sino que primero actúa –comienza a correr hacia el objetivo-, y luego corrige cualquier error con que pueda enfrentarse u ocurrirle.

“No podemos pensar primero y hacer después” dijo A. N. Whitehead.

“Desde el momento en que nacemos nos hallamos implicados en la actividad, y sólo ésta puede guiarnos a adoptar una idea o una decisión”.

3. Cesa de autocriticarte. La persona inhibida se abandona continuamente al análisis auto-crítico.

Luego a cada acto, por simple que sea, se dice a sí misma:

“Me pregunto si debiera haber hecho eso”. Después de haberse provisto del suficiente valor para manifestar algo, dícese inmediatamente:

“Puede ser que no debiera haber dicho eso. Quizás el otro lo tome de manera errónea”.

Cesa de hacerte aparte todas estas lamentaciones.

La provechosa y benéfica retroacción opera subconsciente, espontánea y automáticamente.

La autocrítica, el autoanálisis y la introspección consciente es buena y útil si se la emplea no más de una vez por año.

Pero empleada día a día, momento a momento, en la forma de un segundo y subterráneo descubridor de tu propia personalidad, o desempeñando el papel de contador de tus hechos pasados cada lunes por la mañana, entonces se convierte en un agente que indefectiblemente habrá de llevarte a la frustración y a la derrota.

Observa, pues, la autocrítica, deja que desempeñe un tanto sus labores, pero cuídate de detenerla en seguida.

4. Fórmate el hábito de hablar más alto de lo que acostumbras.

La gente inhibida habla notoriamente en voz baja.

Procura aumentar el volumen de tu voz.

No tienes tampoco por qué vocear a la gente ni emplear un tono de enfado, pero practica conscientemente hablar un poco más alto de lo que acostumbras.

La conversación en voz alta, por sí misma, se manifiesta como poderoso desinhibidor.

Está demostrado que el individuo puede reforzar su voz en un 15% e inclusive levantar una carga mayor si vocea, gruñe o gime fuertemente mientras alza el peso.

La explicación de ello estriba en que los gritos fuertes contribuyen a la desinhibición y permiten expresar toda la fuerza incluyendo a la que ha sido bloqueada o amarrada por las circunstancias inhibitorias.

5. Deja saber a la gente cuando le gustas.

La personalidad inhibida teme tanto expresar los “buenos” como los “malos” sentimientos.

Si manifiestas amor, temes ser juzgado como sentimental; si expresas amistad, temes que se te considere un adulón y “limpiachaquetas”.

Si felicitas a alguien, temes que  pienses de él superficialmente o que sospeche que tienes algún motivo ulterior.

Procura ignorar en su totalidad estas señales de la retroacción negativa.

Felicita por lo menos a tres personas distintas al día.

Si gustas de lo que alguien está haciendo,  usa o dice, déjaselo saber al interesado.

Habla y compórtate de manera directa. “Me gusta eso, Joe”. “Mary, llevas un sombrero

muy bonito”.

“Jim, eso me demuestra que eres una persona excelente”.

Ahora bien, si  estás casado, dile precisamente a tu esposa “te quiero”, por lo menos dos veces al día.

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