Cómo extirpar las cicatrices emotivas

Cómo extirpar las cicatrices emotivas lo descubrirás en este nuevo artículo basado en el capítulo 10 del libro Psico-Cibernética escrito por el cirujano plástico Maxwell Maltz y catalogado como una obra maestra.

Cómo extirpar las cicatrices emotivas
Cómo extirpar las cicatrices emotivas

Como ya sabemos, el cuerpo humano y de forma totalmente natural es capaz de formar una cicatriz cuando sufre una herida física, ya sea por un rasguño, un corte, una rotura o intervención quirúrgica.

Las cicatrices siempre son de tejido más tenso y espeso que la carne original para proteger la herida contra otro daño que se pudiera ocasionar en el mismo sitio.

También ocurre cuando un zapato nuevo nos daña la piel al quererse adaptar a nuestro pie, pero dicho daño una vez reparado, se convierte en un callo para evitar que se vuelva a repetir.

El problema es que los seres humanos cuando sufrimos heridas emocionales también formamos cicatrices para protegernos, lo que se convierte en una corteza protectora que nos hace duros de corazón e insensibles al mundo.

La protección excesiva contra la fuente original del agravio nos puede convertir en seres más susceptibles y por lo tanto, más vulnerables al daño en otras áreas de nuestro espíritu.

La muralla emocional que construimos como protección contra el daño que nos pueda hacer una persona determinada, nos separa de los otros seres humanos y de nuestros egos reales.

Como he mencionado en  anteriores artículos referentes a este libro, la persona que se siente solitaria o fuera de contacto con los otros seres humanos también se siente fuera de contacto con respecto a su ser real y a la propia vida.

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 La Naturaleza también necesita ayuda o asistencia

Cómo extirpar las cicatrices emotivas
Cómo extirpar las cicatrices emotivas

Debes comprender que la naturaleza crea cicatrices con la intención de ayudarnos, pero si las cicatrices se encuentran en el rostro, en nuestra vida moderna,  pueden debilitar nuestra auto-imagen y hacernos bajar la autoestima, lo que nos hace atraer a nuestra vida experiencias desagradables, algo que no ocurriría a un hombre primitivo que hubiese recibido las cicatrices faciales en un encuentro con un oso o un tigre furioso, ya que dichas cicatrices habrían contribuido a hacerle más aceptable aun entre sus amistades. Inclusive en tiempos no tan lejanos, también los viejos soldados se sentían orgullosos de poder mostrar sus “cicatrices de los combates” y en las ilegales sociedades de duelistas en Alemania, una cicatriz de sable constituía una señal de distinción. 

 

Pero, a día de hoy, la naturaleza también necesita asistencia de la cirugía estética, siempre que las cicatrices afecten al comportamiento del individuo en forma negativa o provoquen rechazo en las personas con las que se relaciona.

La experiencia en la vida profesional del Doctor Maxwell Maltz como cirujano plástico, le permitió comprobar que la extirpación de cicatrices permitían al mismo tiempo, extirpar cicatrices emocionales, adoptar seguridad contra las heridas sociales, sanar daños y agravios emotivos y la restauración de la auto-imagen como miembro aceptable de la sociedad.

 

CICATRICES EMOCIONALES

Cómo extirpar las cicatrices emotivas
Cómo extirpar las cicatrices emotivas

También hay muchas personas que poseen cicatrices emocionales internas sin haber padecido nunca heridas físicas aunque los efectos son exactamente los mismos.

Y estas personas para resguardarse de posibles nuevos agravios se forman callos espirituales o cicatrices emotivas para proteger su ego contra todos los seres humanos por lo que se convierten en una muralla que impedirá que tengan amigos.

También podemos encontrar este tipo de cicatrices en mujeres agraviadas por un hombre y la muralla que crean les impide volver a confiar jamás en ningún otro varón.

Así como el niño que convive con un padre o maestro cruel que le hace trizas el ego, también puede  formar una cicatriz que le haga prometerse no volver a fiarse en ninguna otra figura de autoridad.

Un hombre que se siente rechazado por la mujer que ama, le puede hacer crear una muralla que le lleve a proponerse no volver a apasionarse de ningún ser humano en el futuro.

En resumen,  las heridas emocionales nos convierten en seres más susceptibles y vulnerables al daño en otras áreas de nuestro espíritu.

La muralla emocional que construimos como protección a sufrir más daño nos separa de otros seres humanos y de nuestro propio ego.

Y cuando nos sentimos solos, también estamos desconectados de nuestra propia esencia como ser y con la propia vida.

También se ha podido demostrar que las cicatrices emocionales facilitan la formación de delincuentes juveniles y que estos, aunque  muestren odio ante las autoridades, esconden, bajo una concha dura exterior, su vulnerabilidad y blanda contextura interna que desea siempre depender de otros individuos que se muestren más fuertes que ellos mismos.

A pesar de esto, les es imposible mantener estrechas relaciones con nadie ya que no se atreven a confiar en ningún ser humano ya que sus heridas suelen ser provocadas por haber sido ofendidos por alguien a quien consideraban sumamente importante y ahora no osan volverse abrir para evitar volver a ser heridos.

Están en un constate estado de alerta dispuestos a atacar para evitar volver a ser heridos o rechazados, lo que les mantiene alejados de personas que serían capaces de amarles sinceramente si les dieran la mitad de una oportunidad para poder ayudarles.

INDIVIDUO COMPLETO

El doctor Combs, profesor de Psicología Pedagógica y consejero de la Universidad de La Florida, estaba convencido de que el objetivo de cada uno de los seres humanos debiera consistir en convertirse “en individuo completo” ya que no es algo con lo que nacemos pero si es lo que debemos tener como objetivo lograr.

CARACTERÍSTICAS DE UN INDIVIDUO COMPLETO

 

1. Se ve así mismo como persona que gusta; posee grandes capacidades y es querida y aceptada por todo el mundo.

2.Posee un alto grado de auto-aceptación.

3.Posee un alto sentido de unión con el prójimo.

4.Posee un vasto “depósito” de informaciones y conocimientos.

CARACTERÍSTICAS DE UN INDIVIDUO CON CICATRICES EMOCIONALES

Las personas marcadas con cicatrices emocionales, su pobre auto-imagen les imposibilita hacer nada positivo, no gustan ni son queridos por nadie por lo que tienen una imagen hostil del mundo en el que viven.

Su relación con el mundo está llena de hostilidad y el trato con el prójimo no se basa en el daca y toma, ni en la cooperación, ni en el trabajo conjunto, ni en el goce social, sino en los conceptos de superar, de combatir y de protegerse.

Las sensaciones de frustración, de agresión y de soledad forman el precio que pagan por todo ello.

 

Tres reglas para inmunizar los agravios emocionales

1. SÉ DEMASIADO GRANDE PARA QUE NO PUEDAS SENTIRTE AMENAZADO

Es la persona que duda secretamente de su propio valor y la que se siente insegura, la que ve amenazas hacia su ego donde no existen, la que suele exagerar y sobreestimar el daño potencial que le pueden producir las amenazas reales.

 

LAS AUTOIMAGENES SANAS NO EXPERIMENTAN FÁCILMENTE LAS “MARGULLADURAS”.

 La autoestimación es tan necesaria al espíritu como el alimento al cuerpo.

La cura para el “auto-concentramiento”, la “introversión”, el “egotismo” y todos los males de este carácter que suelen ir juntos, consiste en el desarrollo de un ego sano y fuerte mediante la formación de una “alta- autoestima”.

Cuando la persona posee adecuada autoestimación, los pequeños menosprecios no la amenazan en absoluto, pasan simplemente sobre ella y los ignora.

Inclusive los agravios emocionalmente más profundos procura limpiárselos y sanárselos lo más rápidamente posible sin permitir que se extiendan sus venenos, le emponzoñen la vida y le destruyan la felicidad.

2. CIERTA ACTITUD DE AUTOCONFIANZA Y RESPONSABILIDAD TE HARÁ  MENOS SUSCEPTIBLE A LOS AGRAVIOS.

La persona que posee ninguna o poca confianza en sí misma y se siente depender emocionalmente de otros individuos ofrece una gran vulnerabilidad o los agravios emotivos.

Todo ser humano requiere afecto y cariño, pero el individuo lleno de confianza y además creador, concibe también la necesidad de dar amor y se siente tan emocionado al darlo como al recibirlo.

Nunca espera que le sirvan el amor en bandeja de plata.

Tampoco siente la tremenda necesidad de que todo el mundo deba amarle y aprobarle.

Posee la suficiente seguridad para el hecho de que a ciertas personas habrá de disgustar su presencia sin lograr nunca la aprobación de las mismas con respecto a su propia individualidad.

Se da cuenta de que tiene cierto sentido de responsabilidad con respecto a su propia vida y se auto-concibe, ante todo, como un individuo que actúa, decide, da, y también camina en persecución de sus querencias con mucho más ardor que la persona que se muestra como recipiente pasivo de todas las cosas buenas de la vida.

Cultiva una actitud de mayor autoconfianza.

Asume responsabilidad en cuanto respecta a tu propia vida y a las necesidades emocionales.

Procura dar afecto, amor, aprobación, aceptación y comprensión a las otras personas y hallarás que ellas se vuelven hacia ti en una especie de acción reflexiva.

3. PROCURA ALIVIAR Y APARTAR DE TI LOS AGRAVIOS EMOCIONALES

El reposo mental alivia los golpes emocionales.

Cuando nos “sentimos agraviados” u “ofendidos”, “la sensación” concierne completamente a nuestra propia respuesta. De hecho el sentimiento que experimentamos es nuestra reacción.

Son nuestras propias respuestas las que tienen que interesarnos y no las de las personas ajenas. Podemos ponernos en estado de aguda tensión, enfadarnos, sentir ansiedad o resentimiento y “sentirnos ofendidos”.

O, al contrario, podemos también no experimentar respuesta alguna, quedarnos en reposo y no sentirnos agraviados.

Los experimentos científicos han demostrado que es absolutamente imposible sentir miedo, ira, ansiedad o emociones negativas de cualquier clase cuando mantenemos los músculos del cuerpo en completo reposo.

Tenemos “que hacer algo” para sentir miedo, ira o ansiedad.

“Todo hombre es ofendido por sí mismo”, dijo Diógenes.

“Nadie puede hacerme daño más que yo mismo”, dijo San Bernardo.

“El agravio que sostengo lo llevo conmigo y nunca sufro más que mi propia falta”.

Uno solo es el responsable de sus respuestas y reacciones.

El individuo no tiene que responder a nada.

El sujeto puede quedar en reposo y libre de toda injuria.

El dominio del pensamiento crea una nueva vida para esta clase de personas.

 

COMO EXTIRPAR LAS VIEJAS CICATRICES EMOCIONALES

 

Date a tí mismo un maquillaje espiritual.

Uno mismo puede extirparse las viejas cicatrices emocionales.

El sujeto puede convertirse en su propio cirujano plástico y hacerse a sí mismo un maquillaje espiritual.

Los resultados consistirán en una nueva vida y nueva vitalidad y el hallazgo de una nueva paz del espíritu así como un estado completamente feliz.

Al hablar de un maquillaje emotivo y del empleo de la “cirugía mental” estamos usando algo más que un símil.

Las viejas cicatrices emocionales no pueden ser sometidas a la intervención de la medicina ni del médico. Deben extirparse, sacarlas por completo y erradicarlas totalmente.

Muchos individuos suelen aplicar “bálsamos” diversos a las heridas de carácter emotivo, pero ello no opera en absoluto.

Deben autoextirpárselas honestamente, de manera manifiesta, o bien tomarán venganza física procurando esconderse entre una multitud de caminos subterráneos.

El perdón es un bisturí que extirpa las cicatrices emocionales.

“Puedo perdonar, pero no sé olvidar”, constituye sólo otra manera de decir: “No perdonaré nunca”, manifestó Henry Ward Beecher.

“EL PERDON debe ser como una cuenta cancelada que se rompe por la mitad y se echa al fuego en seguida para no tornar hallarla jamás”.

El perdón, cuando es real, genuino y completo, se transforma en el bisturí que puede extirpar el pus de las viejas heridas emocionales, sanarlas, y, al mismo tiempo, eliminar los tejidos de la cicatriz.

El pretendido perdón que se concede de manera dubitativa no es más efectivo que una operación facial simulada.

El perdón debe ser olvidado exactamente lo mismo que la falta olvidada.

El perdón que se recuerda y tenemos siempre presente, reinfecta la herida que el sujeto trata de cauterizar.

Si te sientes demasiado orgulloso de tu perdón o lo recuerdas con excesiva frecuencia, entonces, te hallas dispuesto a reconocer que la otra persona te debe algo por haber sido perdonada.

Si perdonas una deuda, pero te comportas así, el pobre sujeto ha incurrido en otra, produciéndole el mismo caso en que incurren los operadores de una pequeña compañía de empréstitos cuando cancelan una cuenta para transformarla en otra que debe ser pagada cada dos semanas durante un período determinado.

El perdón no debe ser utilizado como arma bélica.

Abundan las falacias relacionadas con el perdón y una de las razones de que no haya sido mas reconocido su valor terapéutico consiste en el hecho de que el perdón real ha sido aplicado con suma rareza.

Por ejemplo, muchos escritores nos han dicho que debemos perdonar para hacernos “buenos”.

No obstante, pocas veces se nos ha aconsejado que debemos perdonar para ser felices.

Otra falacia consiste en que el perdón nos coloca en una posición superior, o aquella otra que manifiesta que constituye un magnífico método para derrotar al enemigo.

Esta idea ha aparecido en numerosas expresiones de “cliché”, tales como esta:

“No intentes sólo ganar la concordia, perdona a tu enemigo y le adelantarás en cuanto desees”.

Tillotson, el antiguo Arzobispo de Canterbury, decía:

“No se podría obtener victoria más gloriosa sobre otro hombre que ésta: que cuando la ofensa se inicie por su parte, la bondad debe comenzar por la nuestra”.

Esta es otra manera de decir que el perdón mismo debe ser empleado como una de las armas de la venganza, una de las más efectivas, que pudiéramos hallar.

El perdón vengativo, sin embargo, no es el perdón terapéutico.

El perdón terapéutico corta por lo sano, erradica, cancela y suprime el agravio como si jamás hubiese existido. El perdón terapéutico se parece a la intervención quirúrgica.

Extírpate los rencores exactamente igual que lo harías con un brazo gangrenoso.

 Antes de que una persona pueda ponerse de acuerdo consigo misma para que le amputen un brazo, debe cesar de considerarlo como un miembro que desea retener, para pasar a verlo como miembro indeseable que está enfermo y le amenaza con la muerte.

Podemos perdonar si estamos dispuestos a ello.

El perdón terapéutico no es de difícil aplicación.

La única dificultad consiste en asegurarse de la voluntad propia de olvidarlo todo y abandonar el sentido de la condenación, de tal modo que la voluntad llegue a cancelar totalmente la deuda sin quedarnos con reservas mentales acerca de la misma.

Las personas que se les hace difícil perdonar es porque les gusta su propio sentido de la condenación y

hallan un  gozo perverso y mórbido al mimar sus propias heridas.

En tanto pueden condenar a otro individuo se pueden sentir superiores al mismo.

Nadie podrá negar tampoco que forjemos cierto perverso sentimiento de satisfacción al apiadarnos de nuestras propias vidas.

Las razones que tenemos para perdonar son de suma importancia

Cómo extirpar las cicatrices emotivas
Cómo extirpar las cicatrices emotivas

Cuando aplicamos el perdón terapéutico cancelamos la deuda de otra persona, no porque hayamos decidido mostrarnos generosos o por hacerle a ésta un favor o porque seamos superiores moralmente a ella.

Cancelamos la deuda, la proclamamos “nula y sin efecto” no porque se la hayamos hecho “pagar” suficientemente a la otra persona sino porque hemos llegado a reconocer que la deuda no es válida por sí misma.

El verdadero perdón tiene solamente lugar cuando somos capaces de ver y aceptar emocionalmente que no hay nada que perdonar por nuestra parte.

En primer término, no debíamos haber condenado u odiado a la otra persona.

Uno no puede perdonar a la persona, al menos que haya comenzado por condenarla.

Perdona al prójimo como a ti mismo.

No sólo los otros nos inflingen ofensas emocionales sino que también la mayor parte de nosotros solemos autoinflingirnoslas.

Solemos golpearnos la cabeza con autocondenas, remordimientos y lamentaciones. También solemos derrotarnos con los tormentos inherentes a la duda y herirnos con excesivos sentimientos de culpabilidad.

El remordimiento y la lamentación constituyen atentados contra nuestra anterior vida emocional.

Mediante el excesivo sentimiento de culpabilidad tratamos de justificarnos de algo que hicimos o que pensamos haber hecho mal en nuestro pasado.

Las emociones suelen ser correctas y apropiadas cuando nos ayudan a responder o a reaccionar a alguna realidad del ambiente en que ahora vivimos.

Teniendo en cuenta que no podemos vivir en el pasado, es evidente que tampoco podremos reaccionar emocionalmente a cuanto respecte a nuestra vida anterior.

El pasado debe ser borrado simplemente, cerrado y olvidado en lo que concierna a las reacciones emocionales.

No necesitamos adoptar “una posición emotiva”, de uno u otro modo, en cuanto se refiera a las desviaciones de la vida que hayamos experimentado en todos tiempos.

Lo que sólo nos debe importar es la dirección que adoptemos en el presente así como nuestros objetivos actuales.

Desde luego, necesitamos reconocer tanto nuestros propios errores como las equivocaciones en que incurramos. De otra manera nos sería imposible corregir el curso de nuestras vidas, así como la conservación de un “rumbo” y “guía” apropiados, más nos resultaría baldío y fatal que nos odiásemos o nos condenásemos por nuestros propios errores.

El individuo incurre en errores, más los errores no hacen al individuo.

Asimismo, al pensar en nuestras propias faltas (o en las del prójimo), nos servirá de ayuda y ello sería realista que pensásemos acerca de esto en términos de las que cometimos o no cometimos en vez de pensar en lo que ellas nos hicieron a nosotros.

Uno de los más grandes errores que podemos cometer consiste en que confundamos nuestra conducta con nuestro “ser”… para concluir que debido a cierto hecho que realizamos quedamos caracterizados como “cierta clase de persona”.

Habremos de aclarar nuestras ideas si podemos ver que los errores que envuelven a algo de lo que hacemos –hacemos se refiere a hechos-, y para ser realistas debiéramos emplear los verbos en el sentido de acción inherente a los mismos en vez de emplearlos como nombres que solamente denotan el estado del ser o una descripción del mismo. Por ejemplo, al decir “yo fracasé” (forma verbal), reconocemos que hemos cometido un error, y ello nos puede ayudar a conducirnos al logro de algún éxito futuro.

Más al decir “Soy un fracaso” (forma nominal), no describimos lo que hemos hecho si no lo que creemos que el error nos ha hecho a nosotros.

Al emplear esta clase de lenguaje no contribuimos a un buen estudio sino que tendemos a “fijar” el error y a hacerlo permanente.

Ello ha sido sumamente comprobado y demostrado en los diversos experimentos de la psicología clínica.

Al parecer, todo el mundo reconoce que los niños, cuando están aprendiendo a andar, deben caerse alguna que otra vez.

Solemos decir entonces que se cayó el niño o que “perdió el equilibrio”. Nunca decimos con respecto al sujeto que es un “caedor” o “que es un mal equilibrista”.

No obstante, hay muchos padres que parecen no darse cuenta de que también todos los niños, al aprender a hablar, cometen diversos errores y se expresan sin la debida fluencia conversativa: dudas, roturas de vocablos y repeticiones de sílabas y palabras.

Es común que un padre lleno de ansiedad se exprese así con respecto a su pequeño hijo:

“Es un tartamudo”.

Con tal actitud o juicio, que no se refiere a los actos del niño sino al niño en sí mismo, llega a influir en el chiquillo y este comienza a pensar acerca de que sí es, en efecto, un tartamudo.

El proceso del aprendizaje de la lengua quedó fijo en el muchacho y éste se convierte en un tartamudo perpetuo.

El Dr. Wendell Jonson, la autoridad más notable sobre la tartamudez que existía en esos tiempos  en el país, manifiestó que esta clase de conceptos constituye la causa principal de esta enfermedad y averiguó que los padres de los sujetos que no eran tartamudos se inclinaban  a emplear términos descriptivos (“Él no hablaba”), mientras que los padres de los tartamudos tendían a emplear términos con juicios implícitos (“El no podía hablar”).

LOS MALOS HÁBITOS

Es esencial, que el paciente aprenda a cesar de culparse a sí mismo, a autocondenarse y a sentir remordimientos por sus malos hábitos en el caso de que quiera curárselos.

Es muy  dañina la conclusión a que suelen llegar algunos pacientes:

“Estoy destrozado”, o aquella otra, también típica, de que “no valgo para nada”, sólo a causa de que el enfermo hizo o estuvo haciendo cierta clase de actos.

Debemos, por último, tener en cuenta que el individuo comete diversos errores, pero que las faltas no forman, en absoluto, a la persona.

PERMITIRTE SER UN POCO VULNERABLE

Cómo extirpar las cicatrices emotivas
Cómo extirpar las cicatrices emotivas

Para vivir de una manera creadora, debes permitirte ser un poco vulnerable y mostrarte un tanto condescendiente respecto a dejarte ofender un poco y si ello fuera necesario en cuanto respecta a la vida creadora. 

¿Por qué no hemos de someternos a la experiencia de un “maquillaje espiritual”?

Para ello, la actitud del individuo debe consistir en procurarse un alivio o reposo completo en cuanto atañe a las tensiones nerviosas con el objeto de prevenir las cicatrices y poner en práctica “el perdón terapéutico” mediante el que se pueden extirpar las viejas cicatrices procurándose, al mismo tiempo, una piel flexible que carezca de dureza, o sea, una epidermis –en vez de una concha- que no le impida el desarrollo de una vida creadora junto al deseo simultáneo de ser un poco vulnerable y auto-formarse un sentimiento de nostalgia por el futuro en lugar de auto-formárselo por el pasado.

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